Los dominicanos reclutados con engaños por Rusia para luchar contra Ucrania
Decenas de dominicanos aplican a trabajos como soldador o mecánico en Rusia, a casi 10.000 km de su hogar en el Caribe, pero terminan alistados a la fuerza en el ejército para luchar contra Ucrania, denuncian sus familiares.
Esto es lo que le sucedió a Jesús Campusano, un dominicano de 52 años que vivía en Bajos de Haina, un puerto en el sureste de República Dominicana que alberga la única refinería de petróleo que tiene el país pero donde hay aún mucha pobreza.
Le tentó un link en internet que le ofrecía un salario de miles de dólares para ser soldador en Rusia, su oficio, pero cuando llegó al país a fines de julio fue trasladado a una base militar. Asegura que está a punto de ser enviado al frente de la guerra contra Ucrania, dijo su hermana Cristina a la AFP.
El gobierno identificó a 20 dominicanos cooptados para alistarse en las fuerzas armadas rusas bajo engaños, dijo en septiembre el presidente Luis Abinader en Nueva York. Indicó que hay una investigación en curso al respecto.
La hermana de Jesús dice que la comunicación entre ellos es difícil. "No puedo hablar", le escribió por WhatsApp su hermano.
La semana pasada, en un corto mensaje de WhatsApp, su hermano le avisó que "se lo iban a llevar para la guerra a pelear y que lo iban a poner al frente" en esa semana, cuenta Cristina, que es ama de casa.
Cuando Jesús llegó al aeropuerto de Kazán, una ciudad rusa a unos 1.000 kilómetros de la frontera con Ucrania, la persona que contactó le entregó un documento que "no estaba en español, estaba en ruso" y le dijo que firmara, narra Cristina.
Campusano lo firmó sin comprenderlo, añade. Luego le quitaron el pasaporte, le dieron un uniforme y le hicieron creer que lo estaban entrenando para ser policía, cuenta.
"Necesito que las autoridades correspondientes me ayuden, porque nosotros estamos desesperados y quiero que nos regresen a nuestro hermano", dice la mujer.
Poco después del inicio de la guerra de Rusia contra Ucrania en 2022, decenas de latinoamericanos de Cuba, Colombia, Perú o Brasil empezaron a ser reclutados a base de engaños y obligados a alistarse, denuncia Amnistía Internacional.
La embajada rusa en Bogotá deslinda responsabilidad. Ha puesto un cartel en la puerta principal que señala que allí no se realiza "ningún tipo de gestión relacionada con la contratación de los ciudadanos extranjeros para prestar servicio militar a las fuerzas armadas de Rusia". Remiten al público con quejas a la cancillería colombiana.
- "Tráfico de personas" -
Pero también hay voluntarios latinoamericanos en filas rusas. Medios dominicanos relataron hace poco la historia de Juan Carlos Sávila, un hombre que se alistó motu proprio y publica en Instagram impactantes videos en el frente de guerra.
Se le ve escondido entre la maleza mientras se escuchan las balas y las bombas. También narra como resultó herido por pisar una mina antipersonal.
"No podemos prohibirle a nadie que se dedique a cualquier actuación", comentó el presidente Abinader en Nueva York. "Lo que queremos es advertirles de que conozcan la realidad de lo que estén firmando" y que no sean engañados, sostuvo.
Carlos Sánchez Díaz, de la ONG dominicana Comisión Nacional de Derechos Humanos, contabiliza hasta un centenar de dominicanos reclutados bajo engaños y otros 50 voluntarios.
"A todas luces es un engaño. Son personas de sectores vulnerables, que viven por debajo de los niveles de pobreza", explica.
"Se le ofrece un contrato de trabajo en dólares para ser soldador, mecánico, publicista" y creen que es algo serio, agrega el activista. Y asegura que detrás de todo hay "una red que se dedica a la trata y tráfico de personas".
Uno de los contratos era en principio "una invitación a un intercambio cultural en Kazán (Rusia), pero cuando llegan no van a ningún intercambio cultural. Lo llevan a un avión y de ahí lo llevan a una base militar", señala Sánchez.
Maico Enrique Campusano, de 33 años, otro habitante de Bajos de Haina que no tiene parentesco con Jesús, fue invitado a trabajar fuera de su país como publicista y terminó en la base militar de Kazán, relata.
- Ni ruso, ni ucraniano -
Su madre, Jaqueline del Carmen Feliz, dice que no duerme pensando en que pueda desaparecer en una guerra que no le pertenece.
"Él no es ruso, ni tampoco es ucraniano para él estar por ahí. Yo quiero que él venga. Yo quiero que el presidente me traiga a mi hijo de vuelta", dice Feliz, quien lo vio por última vez cuando se fue a fines de agosto.
Maico Enrique viajó a Panamá, donde lo esperaba una persona que lo llevó a Estambul y de ahí a Kazán. Desde que llegó pasa "el día entero entrenando" con ejercicios militares, "desde las cuatro de la mañana hasta las seis de la tarde”, dice su madre.
Cuando ella le pregunta sobre su situación en Rusia, su hijo solo responde: "Quédese tranquila, que yo estoy bien". Pero su madre no le cree. "A la guerra nada más se va a morir", dice afligida.
A.Foglio--INP